lunes, 9 de enero de 2012

Psicología de la composición - Joao Cabral de Melo Neto





1.

Salgo de mi poema
como quien se lava las manos.
Algunas se volvieron conchas,
que el sol de la atención
cristalizó; alguna palabra
que hice brotar, como a un pájaro.
Tal vez alguna concha
de esas (o pájaro), recuerde,
cóncava, el cuerpo del gesto
extinto que el aire llenó;
quizá, como la camisa
vacía, que me quité.


2.

Esta hoja blanca
me proscribe el sueño,
me invita al verso
nítido y preciso.

Y yo vengo a esconderme
en esta playa pura
en donde nada existe
donde la noche se posa.
Como no hay noche
cesa toda fuente;
como no hay fuente
cesa toda fuga;
como no hay fuga
nada recuerda el fluir
de mi tiempo, en el viento
que en él sopla el tiempo.


3.

En este papel
puede tu sal
volverse ceniza;
puede el limón
volverse piedra;
el sol de la piel,
el trigo del cuerpo
volverse ceniza.

(Teme, por eso,
la joven mañana
sobre las flores
de la víspera.)

En este papel
pronto fenecen
las rojas, tibias
flores morales;
todas las fluidas
flores de prisa;
todas las húmedas
flores de sueño.

(Espera, por eso,
que la joven mañana
te venga a revelar
las flores de la víspera.)


4.

El poema, con sus caballos,
quiere explotar
tu tiempo claro: rompiendo
su blanco hilo, su cemento
mudo y fresco.

(El descuido quedará abierto
de par en par;
un sueño pasó, dejando
hilachos, luego árboles instantáneos
coagulando la pereza.)


5.

Vivo con ciertas palabras,
abejas domésticas.
Del día abierto
(blanco parasol)
esos lúcidos husos extraen
el hilo de miel
(del día que se abrió
también como una flor)
que en la noche
(pozo donde va a caer,
aérea, la flor)
persistirá: rubio
sabor, y ácido
contra el dulzor de lo rancio.


6

No la forma encontrada
como una concha, perdida
en los flojos arenales
como cabellos;
no la forma obtenida
en trance santo o raro,
tiro a las liebres de vidrio
de lo invisible;
sino la forma alcanzada
como la punta del ovillo
que la atención, lenta,
desenrolla,
araña; como el más extremo
de ese hilo frágil, que se rompe
bajo el peso, siempre, de las manos
enormes.


7.

Es mineral el papel
donde escribir
el verso; el verso
que es posible no hacer.

Son minerales
las flores y las plantas,
las frutas, los bichos
en su estado de palabra.

Es mineral
la línea del horizonte,
nuestros nombres, esas cosas
hechas de palabras.

Es mineral, al fin,
cualquier libro:
que es mineral la palabra
escrita, la fría naturaleza
de la palabra escrita.


8.

Cultivar el desierto
como un pomar al revés.

(El árbol destila
la tierra, gota a gota;
la tierra completa
cayo, ¡fruto!
Mientras que en el orden
de otro pomar
la atención destila
palabras maduras.)

Cultivar el desierto
como un pomar al revés:
entonces, nada más
destila; evapora;
donde hubo manzana
queda un hambre;
donde hubo palabra
(potros o toros
contenidos) queda la severa
forma del vacío.

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