viernes, 25 de julio de 2014

Nota sobre la concesión del sacramento de matrimonio a los esclavos de una hacienda - Raul Pompeia





Hace días se dio en Araras un espectáculo original y conmovedor: setenta esclavos de una de las más ricas haciendas del municipio legitimaron, ante la iglesia, la unión natural en que vivían desde hacía tiempo.

Esta noticia es del corresponsal en São Paulo de la Gazeta de Notícias.

Comentando, dice el corresponsal que ese hecho prueba la atenuación de la barbarie de las costumbres en las viejas haciendas.

Gracias al influjo de la moralidad que va (con trabajos, pero va) ganándole terreno al feudalismo de sombrero y fuete, presenciamos un fenómeno de progreso evolutivo: de la promiscuidad de sexos, los esclavos pasaron al concubinato; ahora les dan el derecho al matrimonio religioso...

Más nos parece a nosotros un progreso de la hipocresía.

Probablemente, las setenta ménages de Araras bendecidas por la iglesia van a ser conducidas por el buen camino de la paz doméstica y del trabajo... a latigazos.

En tal caso, ¿a qué especie de ironía queda reducida la institución de las alianzas matrimoniales de las senzalas?

No vale la pena buscar un sacramento para uncir las bestias de carga de dos en dos.

Para eso basta cualquier yunta de madera.


Gazeta da Tarde, 9 de abril de 1886.


Texto traducido de: Raul Pompéia (selección de crónicas por Cláudio Murilo Leal), São Paulo, editora Global, 2011 (col. Melhores Crônicas)



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