Imaginad, señores
esclavistas, imaginad que os agarrasen, os pusiesen un fierro en el cuello,
os curvasen con el trabajo del campo, pagándoos las gotas de sudor con golpes
de látigo; imaginad que castigasen vuestra primera desobediencia cortándoos las
nalgas con el filo de una navaja y que, como lenitivo, os llenasen de sal los
labios sangrientos de las navajadas; que os dejasen exhaustos y esperasen el
retorno de vuestras fuerzas para repetir los mismos latigazos y los mismos
cortes de navaja; imaginad que os condenasen a esa vida de delicias por veinte
años o más... Yo os pregunto si, al cabo de algún tiempo, pese a vuestra superioridad
moral sobre la infeliz raza de los esclavizados, no os encontraríais soñando
francamente con cuatro puñaladas liberadoras. Todo hombre que considere que
mediante el homicidio puede alcanzar la libertad injustamente pisoteada por la
opresión, todo hombre esclavizado tiene derecho al puñal. (...) La humanidad no puede sino felicitarse cuando un pensamiento de revuelta pasa por el
cerebro oprimido de los rebaños de obreros de las haciendas. La idea de la
insurrección indica que la naturaleza humana aún vive. Todas las violencias en
pro de la libertad brutalmente arrebatada deben saludarse como santas
venganzas.
Nota periodística de Raul Pompeia, citada por Eloy Pontes, en A Vida Inquieta de Raul Pompéia, p.
92.

No hay comentarios:
Publicar un comentario