miércoles, 16 de septiembre de 2015

Muchas gracias, São Paulo – William Zeytounlian





La estatua ecuestre del duque de Caxias en São Paulo
alguna vez fue la estatua ecuestre más grande del mundo

 (piénsalo cuando escondas el celular
al pasar entre los junkies de la Luz).

En la panza del caballo del señor Caxias
alguna vez se ofreció una cena para un chingo de gente,

y 400 güeyes se equilibraron ahí en una foto
cuando todo estaba todavía en la fundición.

El señor Caxias y su caballo
no le dan la espalda a Cracolândia,

pero tampoco le dan el pecho.
Los dos están como de ladito y, en realidad,

están viendo el concierto de algún
oscuro músico checo en la sala São Paulo.

El señor Caxias es imponente;
ahí se está, levantando la espada.

El caballo no se entera de nada, porque es un animal,
pero es obediente y ahí se está, levantando la pata.

Cualquiera se da cuenta: los dos son bien pinche imponentes
y el señor Caxias nunca esconde su iphone de los junkies.

Pero, mientras duerme su sueño de guerrero
(y todas las noches, desde hace casi dos siglos,

el señor Caxias vuelve de la guerra Cisplatina),
los junkies de la Luz  van caminando de puntitas

y se mean en el pedestal de su estatua colosal.
La estatua ecuestre del duque de Caxias en São Paulo

alguna vez fue la estatua ecuestre más grande del mundo.
Pero en 2013, en la provincia de Töv,

en las plácidas orillas del río Tuul,
los mongoles alzaron una más grande

que representa a Gengis Kan

y a su imponente caballo.


* El título de este poema está en español en el original. El poema forma parte del libro Diáspora, de William Zeytounlian, que está por salir en Brasil bajo el sello Demônio Negro.

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