(Esta traducción va para Manjarcito)
Cierto día llevaron ante el Dr. X, notable alienista de Rio
de Janeiro, a un curioso enfermo, víctima de una manía singular.
Singulares son, en última instancia, todas las manías de los
locos, pero la del caso en cuestión tenía la notable cualidad de ser una cosa que tenía cierto aire de teoría, a través de la cual una
sólida corriente de argumentación arrastraba el espíritu demente hasta el más
extraño disparate.
- Hay que extirparlo – razonaba el loco -. El corazón es
una víscera perfectamente tonta… No es más que un estúpido fuelle que insufla sangre en las arterias en lugar de aire…. La ciencia puede remplazarlo por
cualquier aparato que lo sustituya en su función de centro circulatorio,
evitando, empero, las regalías morales de las que goza la víscera esa, que tanto importuna.
“Ne sutor ultra crepidam,
he oído decir siempre. Si el corazón se contentara con su papel
fisiológico de fuelle, de bomba de compresión, y ahí se estuviera modesto, al fondo de su jaula de costillas, trabajando oscuro y honrado en
sus diástoles y sístoles, no le exigiría, doctor, que me lo extrajera como un estorbo que me arruina el organismo y la vida. Pero el intruso olvida que nació
para ser fuelle: se entromete en los reinos de la existencia moral, compite con los sesudos cerebros y da rienda suelta, entonces, a todas esas tonterías de las que es capaz el zapatero de Horacio.
“Aunque sé que puedo pasar por loco, le aseguro que si he intentado
arrancarme ese músculo, si exijo la extirpación de ese órgano nocivo aun arriesgándome a sucumbir, es porque he pensado mucho en el asunto y mis convicciones
contra el corazón datan de antiguo: han echado vigorosas raíces en mi
espíritu.
“Lo positivo es la vida de los hombres. Fuera de lo
positivo sólo existe el amplio mar del ridículo. Pilotear la vida
es evitar el naufragio en el gran mar.
“Sin embargo, el naufragio es casi inevitable, porque el
barco lleva una carga enorme e inquieta, que modifica constantemente el
centro de gravedad y perturba en todo momento la flotación regular.
“Y esa carga es la tal víscera.
“¡Echemos la carga al mar, pues! ¡Liberemos la nave!
“Lo positivo es lo serio, lo grave, lo normal, lo burgués,
lo vulgar, lo fecundo, lo común, lo tranquilo, lo prudente, lo fecundo; es el
desayuno de todas las mañanas, la cena de todas las noches; es la herencia para
la prole. Fuera de eso, lo exagerado, lo exacerbado, lo entusiástico, lo
pródigo, lo impensado, lo idealista, lo fantasioso, lo desvariado, lo
inconveniente; el pan nuestro de cada día en el más estricto sentido
dominical; lo tonto, lo disfrutable, en suma.
“Es siempre el mismo abismo de ridículo, que amenaza lo serio
y lo positivo.
“Y busquemos lo que nos hace deslizarnos completamente hacia
el abismo del disfrute: Es la víscera, ¡es la víscera fatal!
“El corazón produce, en la familia, al enamorado, un tonto;
en la sociedad, al héroe, otro tonto; en la literatura, al sentimental, otro
tonto; en la filosofía, al melancólico, un tonto más…
“El enamorado, el héroe, el sentimental, el melancólico,
todo gira en un vértigo de ridículo, bajo el gran ojo positivo que ríe como
quien ve arder la barba del vecino, y va deduciendo en silencio las gordas y
provechosas normas de la experiencia.
“Savoir vivre!...
“El corazón es el padre del doloroso ridículo. Hay quienes le encuentran gracia a la idiotez y la estupidez. Ese es el ridículo banal y
fútil.
“El ridículo miserable y profundo es el de las víctimas del
corazón. Ese es el ridículo propiamente dicho: el ridículo humano.
“Me parece que es un deber elemental de
la ciencia ponerle fin a este mal. Y no se ignora que el origen del mal está ahí, palpitando entre la cuarta costilla y la quinta.
“Que se ponga a pensar la medicina...
“Tanto más cuanto que no pesa únicamente el hecho objetivo del ridículo que condena al corazón. Pesa, además, el hecho subjetivo de los rudos sufrimientos que la víscera causa a quien la porta cada vez que ofrece como
espectáculo a las carcajadas positivas la debilidad y la tontería propias de la criatura
humana.
“No hay nada más saludable que la risa. Entre otras
ventajas, tiene la gran ventaja de no ser lágrimas.
“La risa es la manifestación más agradable de lo positivo.
“El que suelta la carcajada tiene la superioridad de no ser
el payaso.
“¡Riamos, por todos los diablos!... Más vale mofarse que ser
objeto de mofas.
“En el circo de la vida, la carcajada ocupa las gradas del
anfiteatro. En el centro, lo grotesco, lo ridículo, el náufrago de la víscera, hace muecas y maromas.
“El hombre que ríe está fuera del picadero. ¡Cuidado con la
víscera, que de todas formas puede arrastrarlo hacia el centro!
“Es necesario, pues, hallar el medio de suprimir
el riesgo de caer del graderío.
“Eso es lo que yo quiero.
“El que sabe reír bien no le pone obstáculos a su propia
libertad.
“Hay una cosa que llamamos amor y una cosa que apodamos odio. La libertad positiva tiene las muñecas atadas a esas dos esposas.
Si buscamos el otro extremo de la cadena, lo hallaremos soldado al maldito
fuelle de la sangre.
“El amor engendra la fidelidad, la dedicación, el cautiverio
voluntario y otras cosas que el lenguaje, con su forma astuta de resolver las
dificultades, denomina virtudes. Engendra también, transformándose mediante movimientos-reflejo, o paralalelos de espíritu, lo que llamamos indignación
rabia, celos, venganza, odio, en fin; y ciertas cositas que el lenguaje, también sin grandes argumentos, clasifica bajo el rótulo de vicios.
“Todas esas cosas son una serie de grilletes que de una u otra
manera nos mantienen atados. Enamorado es sinónimo de encadenado. El que ama se ata; el que odia se ata.
Sólo el que ríe es libre.
“Por eso la risa es saludable y escasa.
“La carcajada es, esencialmente, hija del cerebro. Es libre
como el sátiro del bosque.
“¡Viva la carcajada!
“El que suelta rechiflas no las sufre.
“La seguridad que da la carcajada es grande. Y contra esa seguridad existe la víscera-fuelle. Táchese la víscera en nombre de la libertad, o al menos
en nombre de la seriedad positiva de la vida.
“Dicen que Molière es la comedia… No estoy de acuerdo. Molière
escribió el drama de los idiotas, puso en escena la parvedad fútil. Para mí la
comedia, la verdadera comedia, vino de Inglaterra con ese pobre Romeo, que pasaba
las noches cantando serenatas bajo el balcón de su novia, afinando su voz con el canto de los
gallos, y que iba de madrugada a trepar escalas de cuerda sin pensar en el
ridículo que haría si la policía lo agarraba como a un ladrón.
“Cómico, para mí, es el furibundo barbazul de Otelo, que
sería un tanto más blando si temiera al código. Cómicas son todas esas
caricaturas de locos engendradas por el poeta psicólogo inglés.
“La comedia de Shakespeare es, en realidad, triste. Pero es
triste porque es real; y es triste sólo para los que no saben reírse de esa
cosa tonta que llamamos pasión.
“Si comparamos a Romeo con Don Juan, nuestro Romeo no es más que un principiante que no entiende nada de nada y que, por si fuera poco, suspira a la luz de los amaneceres como una gata en celo.
“Es que Don Juan sabe reírse.
“Cierto es que también en la comedia de Shakespeare hay
sangre; pero eso no oscurece lo grotesco.
“Triboulet, que empieza haciendo reír, acaba haciendo
llorar.
“Por lo demás, la sangre de la comedia inglesa es la consecuencia última de la ridícula soberanía del fuelle circulatorio. Es refinamiento
sui generis del disfrute.
“Cuando aquella gente se suicida o cae asesinada, e incluso cuando
asesina, podemos escuchar al positivo sentido común, burgués y práctico, diciendo:
-¡Pobres diablos!
“Lo positivo es lo verdadero. Es necesario reconciliarse con él por completo.
“Las neurosis son la plaga de la humanidad.
“¡Guerra a las neurosis!
“La ciudadela de las neurosis es la mentada víscera.
“¡Arrasemos la ciudadela!
“Sí, mi querido doctor, ¡ya es tiempo de recurrir a los
frenos de la agotada montura de Don Quijote, que va paseando con desaliño la huesuda gesticulación de su entusiasmo caballeresco por entre la rechifla de las
generaciones!
“¡Ya es tiempo de suspender el espectáculo del caballero
de la Mancha, eternamente bueno, pero eternamente tonto!
…………………………………
El médico, que presenciaba extasiado la extraña disertación
del loco, se concentró algunos instantes y le dijo:
- Estese tranquilo, amigo mío, y ya no piense más en esto: voy a extirparle el corazón… voy a curarlo.
Sao Paulo, junio de 1883.

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