viernes, 11 de marzo de 2011

Mantra - Paulo Henriques Britto






Todo era muy grande y lejos.
El tiempo era una oruga enorme
sin patas. Era siempre ahora.
Las cosas surgían y se esfumaban,
así. Las cosas eran tan chuscas.
Cada cosa tenía un nombre.
El nombre explicaba todo.
Tener nombre era el mundo.
Cuando la luz se apagaba
y el ojo grande y ciego
de las cosas se abría sobre mí,
yo rezaba el nombre de la cosa,
el nombre, el nombre, el nombre,
hasta que quedara vacío.
Y la cosa, más que deprisa,
cerraba el ojo y dormía.

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